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Llegó a Vallecas de paso y se quedó. Este ex-sacerdote es la memoria viva de una época en la que luchar por las libertades era misión hasta de los curas de las barriadas obreras. Más de 30 años después, vive casado y con tres hijas y ha sacado tiempo para escribir un libro en el que recuerda las luces y las sombras de aquella época
¿Por
qué decide ahora recuperar la memoria histórica? Los curas
de los barrios obreros es producto de una tesis doctoral. Los directores
de la tesis y otros compañeros me comentaron que este trabajo
valía la pena publicarlo para que no se pierda el recuerdo. Además,
la Iglesia de hoy necesita recordar que su labor no es subirse demasiado
a los púlpitos, sino estar al pie de la calle. La mejor
forma era la propia cotidianeidad vivida en respeto, en silencio. En
mi caso trabajé en la cadena de montaje de esa fábrica.
Allí, compartiendo cada día con los trabajadores, te vas
dando cuenta de que las cosas tienen que cambiar y de 10 que todos unidos
10 podemos lograr. En ese momento, gente de ideología marxista
se da cuenta de que existen más puntos de unión que de
desunión. Pero siempre con la libertad y el respeto. Cuando llego
en 1966, continuaba el fenómeno de la inmigración, que
comenzó a mediados de los 50. Los vecinos eran de carácter
rural, personas que acababan de llegar a la ciudad. Gente que dejaba
su pueblo donde seguramente tenía una casa amplia y una imagen
familiar, para venirse a un piso o una chabola en donde estaban más
solos que la una. En aquel momento me quería ir a las misiones,
pero al pasar un año en Vallecas y ver todo esto le dije al párroco
que mi misión estaba aquí. Un poco después
de mi llegada, la clase obrera ya se organiza y empiezan las grandes
huelgas, como la de 1967 en Atocha. Los obreros se organizan ayudados
también por los grupos de la iglesia que están en la clandestinidad. Hasta dos
veces... Sí, pero ha habido mucha más gente que lo ha
sufrido y que seguro que tendría mejores cosas que contar. A
mí me detuvieron por una homilía, por unos panfletos que
lancé, por asociacionismo legal... pero todo el mundo en el fondo
entendía que eso era correcto. Es la postura que tomé
y soy consciente de que me movía en un terreno intermedio entre
la legalidad y la ilegalidad; me aprovechaba. Mi paso por la cárcel
fue duro pero precioso. Articulo extraído de la revista “Magazine de Mercado/Villa de Vallecas” /Octubre 2004”
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