Este es el orden, Sancho
De aquí no se va
nadie.
Mientras esta cabeza rota
Del Niño de Vallecas
exista,
De aquí no se va
nadie. Nadie.
Ni el místico ni
el suicida.
Antes hay que deshacer este
entuerto
Antes hay que resolver este
enigma.
Y hay que resolverlo entre
todos,
Y hay que resolverlo sin
cobardía,
Sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo un agujero
en la tarima.
De aquí no se va
nadie. Nadie.
Ni el místico ni
el suicida.
Y es inútil,
Inútil toda huida
(ni por abajo ni por arriba)
Se vuelve siempre
Se vuelve siempre. Siempre.
Hasta que un día
(¡un buen día!)
El yelmo de Mambrino
- halo ya, no yelmo ni
bacía -
se acomode a las sienes
de Sancho,
y a las tuyas, y a las mías,
colmo pintiparado,
como hecho a medida.
Entonces nos iremos todos
Por las bambalinas.
Tu y yo, y Sancho, y el
Niño de Vallecas,
Y el místico y el
suicida.