LA VILLANA DE VALLECAS (Tercer Acto)
Salen doña VIOLANTE, de dama; y don LUIS deHerrera; y AGUADO
VIOLANTE: En fe de la cortesía a que es un noble obligado, y de vos mi dicha fía, os he, señor, suplicado que honréis mi casa este día; porque después que he sabido que de don Gabriel de Herrera sois primo, me he prometido el buen suceso que espera mi honor, por él ofendido. LUIS: Cuando de venir a veros no consiga otro interés, señora, que conoceros, y que me mandéis después servicios que intento haceros, estimaré mi ventura, dando a todos que envidiar; pues si agradaros procura, ¿qué más premio que obligar y servir tal hermosura? Primo soy, como decís, de don Gabriel, y he sabido, si agraviada de él venís, que está en Madrid y que ha sido, del modo que me advertís, quien a una doña Violante palabra en Valencia dió, y, huyendo al fin inconstante, como mercader quebró correspondencias de amante. He sabido que está preso por su hermano, que ha venido a castigar este exceso, y que en Madrid, persuadido de su amor o poco seso, a una doña Serafina, bella, ilustre, rica y moza, hacer creer determina que es don Pedro de Mendoza, con quien casar imagina, y viene de Indias a España. Fingiendo no sé qué trueco, principio de esta maraña, con uno y otro embeleco a cuantos le ven engaña. Su hermano mayor es muerto en Granada, habrá ya un mes; y como tuve por cierto que estaba en Flandes, después que hice poner en concierto el mayorazgo que hereda, de tres mil y más ducados, para que saberlo pueda, dos pliegos van duplicados, sin otro que en casa queda. Tuve entre tanto noticia que había llegado aquí, y le prendió la justicia; mas, como nunca le vi, por profesar la milicia desde niño, hasta saber cuál de estos dos es mi primo, no me he dado a conocer, ni le he hablado; aunque me arrimo al más común parecer de que es don Gabriel el preso, y don Pedro de Mendoza el que en aqueste suceso el nombre y posesión goza. VIOLANTE: No tenéis que dudar de eso. LUIS: Diciéndolo vos, ya fuera mi duda poco cortés. Mas, ¡que don Gabriel de Herrera el amoroso interés que en vuestra hermosura espera, desestime! ¡Vive Dios, que estoy por desconocerle! Porque, agraviándoos a vos, es culpa el favorecerle, pues nos afrenta a los dos. Cuando esa hermosa presencia su nobleza no obligara a justa correspondencia, el veros venir bastara en su busca de Valencia, para pagar liberal las deudas de vuestro honor que ha negado desleal, debiendo a tan firme amor las costas y el principal. Pero yo tomo a mi cuenta, señora, haceros vengada, por más que el bárbaro intenta dejar su sangre manchada con tan conocida afrenta. La palabra que os ha dado, hacer hoy que os cumpla quiero; que es insulto en él doblado el quebrarla caballero, y el no cumplirla soldado. VIOLANTE: Discreto habéis prevenido las quejas que os vengo a dar, y, pues me habéis conocido, por vos pienso restaurar mi fama y honor perdido. En vos, señor don Luis, pongo toda mi esperanza. LUIS: Si mi palabra admitís, ella os dará venganza, el honor por quien venís. A la cárcel voy a ver a vuestro ingrato deudor, y, si sabe conocer las prendas de vuestro amor, fácil será deshacer esta quimera, y soltarle; que amigos tengo en Madrid con que poder ayudarle. VIOLANTE: Que está mi hermano advertid aquí, y que viene a buscarle, y importa que esté ignorante de que en esta corte asisto. LUIS: No temáis, bella Violante; que, pues la hermosura he visto que despreció vuestro amante, o no me tendrá por primo, o por esposa os tendrá. VIOLANTE: Vuestro favor noble estimo, pues seguro fin tendrá mi amor, siendo vos su arrimo. Yo soy madrina mañana de una hermosa labradora en Vallecas... LUIS: Poco gana a vuestro lado, señora, y en escoger fue villana, porque ¿qué ha de parecer en vuestra bella presencia? VIOLANTE: Bien puede, don Luis, hacer a las damas competencia que en Madrid estimáis ver. Hame hospedado en su casa --porque encubierta, desde ella supe lo que en esto pasa, y quién es la Circe bella que a mi don Gabriel abrasa-- y quiere en esto cobrar el hospicio que la debo. LUIS: Una cosa he de intentar. Si yo allá a don Gabriel llevo, y le viniese a obligar, que os diese de esposo allí la mano, ¿no es peregrina traza? VIOLANTE: A suceder así, será novia la madrina. LUIS: Pues dejadme hacer a mí; que, si yo negociar puedo que le suelten en fiado, deshaciendo tanto enredo, a vuestro amor y cuidado he de asegurar el miedo. La corte he de revolver hoy para hacerle soltar. VIOLANTE: Dificultoso ha de ser. LUIS: Mis amigos han de dar muestras hoy de su poder. Cuando sepan el valor del preso, y que es primo mío, con un seguro fiador que salga por él, confío que han de hacerme este favor. Mañana estamos los dos allá, porque estoy dispuesto, señora, a volver por vos. VIOLANTE: No le digáis nada de esto. LUIS: Pues claro está. Adiós. VIOLANTE: Adiós. Vase don LUIS
AGUADO: ¿A qué propósito son. tantas marañas? VIOLANTE: Después que vieres su conclusión, dirás que la mujer es, Aguado, toda invención. AGUADO: Si es don Pedro el que está preso, ¿para qué por don Gabriel le haces soltar? VIOLANTE: Te confieso que tengo lástima de él, y temo no pierda el seso. Fuera de que no me está su libertad mal a mí, pues suelto averiguará quién es, estorbando así lo que preso no podrá. AGUADO: Pues ¿ para qué le has culpado con su primo, y has fingido que fe de esposo te ha dado, que aquí por él has venido, y que le lleve has trazado a Vallecas a casarle? VIOLANTE: No he hallado modo mejor que el que ves para obligarle que ponga en esto calor, y haga más presto soltarle. AGUADO: Y allá ¿qué habemos de hacer con ellos? VIOLANTE: Déjame a mí. AGUADO: Demonio es una mujer. Hasme hecho buscar aquí esta casa de alquiler con todo aqueste aparato... VIOLANTE: Lo que se halla por dinero en ocasión es barato. AGUADO: Dejas el traje grosero, y sólo para este rato has despojado una tienda y tres sastres ocupado. No hay ingenio que te entienda. VIOLANTE: De curioso en necio has dado. Mientras hay joyas que venda, ni mis gastos te den pena, ni pretendas saber más de lo que mi amor te ordena. Llámame a don Juan. AGUADO: ¿Querrás hacerle otra burla? VIOLANTE: ¡Y buena! Hícele avisar que aquí una dama le esperaba mejicana. AGUADO: ¿Y vendrá? VIOLANTE: Sí. AGUADO: A su puerta te aguardaba, haciéndose ojos por ti, sin que villana pasase, que su bella panadera luego no se le antojase. VIOLANTE: Ayunará, si hoy espera pan que Teresa le amase. AGUADO: ¿Pues no te ha de conocer, si viene, habiéndose visto tantas veces? VIOLANTE: ¿No ha de hacer el traje noble que visto mudanza en mí? Una mujer, con el traje, si reparas, muda el rostro. AGUADO: Maravillas hacéis las mujeres, raras, pues de cuatro salserillas sabéis sacar veinte caras. Pero don Juan viene ya. ¿Qué maraña tienes nueva? VIOLANTE: Ingeniosa. Éntrate allá. AGUADO: (Si el demonio engañó a Eva, Aparte pruebe en mi ama; que él caerá.) Vase AGUADO, y sale don JUAN
JUAN: El deseo de saber... (¡Válgame el cielo! ¿Qué veo? Aparte ¿No he visto yo esta mujer otras veces?) El deseo de saber qué pueda ser la causa, hermosa señora, para enviarme a llamar... (¿No es ésta la labradora Aparte que vino a tiranizar el alma que en ella adora?) Digo pues que este deseo a serviros me ha traído. (Su imagen en ella veo, Aparte y, aunque lo niega el vestido, su cara y mis ojos creo. Su retrato es y traslado.) Y como el deseo que digo mi venida ha apresurado, deseo que uséis conmigo... VIOLANTE: Vos, señor, venís turbado. Sentaos; toma esa silla. Sosegaos y hablad después. JUAN: No os cause esto maravilla; que vuestra belleza es tal, que mi sentido humilla. Y, si yo no me he engañado, otra vez, señora mía, os he visto y os he hablado. No sé dónde. VIOLANTE: Ser podría si en Méjico habéis estado. JUAN: ¿Y no en Madrid? VIOLANTE: Dúdolo. JUAN: Pues mi vista no se engaña, ni el alma, que en ella os vio. VIOLANTE: ¿Cómo, si de Nueva España la flota que ahora llegó me trujo, y en esta villa no ha dos semanas que entré, un mes que dejé a Sevilla, ni desde que aquí llegué, si no es en coche o en silla, con las cortinas corridas, nunca he salido de casa? JUAN: Bellezas hay parecidas, y Amor, que es de vista escasa, caerá en faltas conocidas; si no es que ponerse intenta por corto de vista antojos, pues con ellos la acrecienta y ve el alma por los ojos lo que su luz representa. Que, como el verde cristal, a quien por él quiere ver, suele por un modo igual verdes las cosas hacer, cual piedra filosofal; del mismo modo, quien ama si fe a sus antojos da, sirviendo de luz su llama, cuantas viere, juzgará, de la color de su dama. Yo me debí de engañar. Ved ahora en lo que puedo serviros. VIOLANTE: Desengañar os deseo. JUAN: Ya lo quedo. VIOLANTE: De lo que os quiero avisar, no lo estáis; que es de más peso, don Juan, de lo que pensáis; y, por lo que yo intereso en ello, aunque lo ignoráis, que os va la honra os confieso. Por huésped tenéis en casa a un don Pedro de Mendoza, que me dicen que se casa con un serafín que goza la belleza en que se abrasa. JUAN: Hermosa y rica es mi hermana, aunque, delante de vos, cualquiera alabanza es vana. Casarse quieren los dos, si cierta duda se allana que ha impedido el no estar hecho; mas presto se efectuará. VIOLANTE: ¿Y vendráos mucho provecho, si en Indias casado está quien tanto os ha satisfecho? JUAN: ¡Don Pedro casado! VIOLANTE: Sí; o a lo menos desposado; que no en balde vengo aquí por palabras que me ha dado. Prendas de mi honor le dí; en hacienda y calidad, si ventaja no le llevo, le igualo; y, en voluntad pues a seguirle me atrevo, si es mi igual vos lo juzgad. Doña Inés de Fuenmayor, me da blasones mayores que dicha mi ciego amor. De agüelos conquistadores heredé hacienda y valor. Ese don Pedro tirano, después de haber pretendido favores un año en vano, y mis desdenes sentido; siendo al fin Paris indiano, perseverando constante, dio de mi deshonra nota; que, cayendo cada instante sobre una peña una gota, la rompa, aunque sea diamante. Y apenas gozó cumplida la pretensión de su amor, cuando ordenó su partida; porque el ingrato deudor tarde paga y presto olvida. Su padre había concertado por cartas, según parece, con el vuestro, dar estado a quien mudable merece ser de todos despreciado; e, ignorante de mi ofensa, a España le hizo embarcar, dejando mi honra suspensa entre las olas del mar, donde sepultarla piensa. Supe su término infiel, y, fiada del secreto, al fin me embarqué tras él. Llegué a esta corte, en efecto, y en su confuso Babel mi amor hizo información de quien sois; sé que se inclina a ponelle en posesión, y ser doña Serafina de su mudanza ocasión; pues luego que se casare, de Madrid se ausentará, y, sin que en dudas repare, tantas mujeres tendrá cuantas provincias mudare. Si no os parece que trato verdad, sirva de testigo, aunque mudo, este retrato; que, con ser de mi enemigo, no es tan descortés ni ingrato como él; pues, por consolarme, hasta aquí me acompañó; y después podrá abonarme este mío que volvió el inconstante a enviarme, Enséñale dos retratos
que en figuras entretiene mis esperanzas avaras, y a pagarme en caras viene; mas ¿qué ha de dar sino caras, amante que tantas tiene? Firmas os mostraré en suma, retrato de sus mudanzas, para que él se presuma su abono, pues da en fianzas palabras, papel y pluma. Juez agora podréis ser del agravio en que me fundo, si no es que pueda tener, quien viene del otro mundo, en ésta nueva mujer. JUAN: Quisiera tener aquí a vuestro ofensor, por Dios, para castigarle así, tanto por lo que os va a vos, como lo que me va a mí; que si Amor es semejanza, a quien amo os parecéis, ya es mía vuestra venganza; pero hoy, señora, veréis castigada su mudanza, y en ella el poco respeto que a nuestra casa ha tenido. VIOLANTE: Sosegaos si sois discreto; que el remedio que he escogido, es más prudente y secreto. ¿De qué sirve que furioso darle muerte pretendáis con medio tan riguroso, si mi honor no remediáis, y pierdo por vos mi esposo? Pues que tanto me parezco a la dama que decís, si por su causa merezco el favor que prevenís, y yo cortés agradezco, suspended disimulado sus dudas, y no mostréis sentiros de él agraviado; que presto por mí saldréis de pena, y yo de cuidado. No os digo el cómo, hasta tanto que llegue su ejecución. JUAN: De esa firmeza me espanto. VIOLANTE: Vame en esto la opinión, y el fin de mi injuria y llanto. JUAN: Dígoos que pondré por vos freno al furor que me abrasa. VIOLANTE: Quédese esto entre los dos, y servíos de esta casa. JUAN: Vuestro esclavo soy. Adiós. Vase don JUAN, y sale AGUADO
AGUADO: Bueno el embeleco va. ¿Qué es lo que nos falta agora? ¿Tienes más que mentir ya? VIOLANTE: Volver a ser labradora me falta. AGUADO: En tu ingenio está un Dédalo revestido: ya te vuelves panadera, ya ser indiana has fingido, ya Violante verdadera. ¿Dónde diablos has urdido tanta mentira y engaño? VIOLANTE: Todo importa a mi sosiego. AGUADO: ¿Qué planeta reina hogaño quimerista? VIOLANTE: Amor, que ciego estudia contra mi daño trazas. Calla; que has de ver lo que en mis amores pasa. AGUADO: ¡Válgate Dios por mujer! VIOLANTE: Cierra agora aquesta casa, y haz al momento volver esa ropa al corredor; que no he de estar más en ella. Dame el traje labrador. AGUADO: Más sabes, sin ser doncella, que la doncella Teodora. VIOLANTE: Las escobas, ¿dónde están? AGUADO: Una carga hay ahí entera, que cien casas barrerán. VIOLANTE: Pues voyme a vestir, que espera a su Teresa don Juan. Vanse, y salen don GABRIEL yCORNEJO
GABRIEL: Quitalle la dama quiero, mas no, Cornejo, la hacienda. Porque soy don Pedro entienda, aunque amante, caballero; como amante, enredador; pero desinteresado como caballero. CORNEJO: Has dado terrible arbitrio, señor, porque en volviéndole el oro, no tendremos qué gastar, y sin él no hay que esperar en tu amor, cuyo decoro sólo ha estribado hasta ahora en la hacienda que trajiste, pues por las joyas que diste a tu serafín, te adora; y así, en faltando las galas, dará a tus favores fin, porque todo serafín tiene doradas las alas. Yo al menos no te aconsejo disparate tan solemne. GABRIEL: Toda esta casa me tiene por dueño suyo, Cornejo. Don Gómez, mientras que llega la plata con que le engaño... CORNEJO: ¿Plata? Ya tomará estaño. GABRIEL: Liberalmente me ruega que de cuanto tiene haga lo que quisiere, y murmura de que, perdiendo la hechura, de estas joyas me deshaga. A don Antonio escribí cómo a esta corte he llegado. En tres años no he cobrado mis alimentos. Y así brevemente me enviará dineros con que se tenga, primero que al suelo venga, esta máquina. CORNEJO: Sí hará, si quiere y paga mejor que los demás. GABRIEL: Siempre ha sido, en cuantas cosas le pido, mi hermano buen pagador. No es como otros derramado; gasta poco, y mucho cobra, y así la hacienda le sobra, porque, aunque mozo, es reglado. Quiéreme bien, y no tiene más hermanos ni herederos. Mientras me envía dineros, dar prisa al viejo conviene y fin a tanta quimera. CORNEJO: En dilatándose más, con todo en tierra darás. GABRIEL: La amonestación tercera es mañana, y me parece que a la noche me desposo. CORNEJO: Aquese lance es forzoso porque si don Pedro ofrece testigos que de Sevilla aguarda, y aprueba con ellos quién es, por librarnos de ellos, saldremos de aquesta villa a cencerros atapados, y plegue a Dios que no demos en la tierra. GABRIEL: Ya estaremos cuando vengan, desposados. Agora importa buscar quien finja que de Granada viene. CORNEJO: ¿Hay nueva trampa armada? GABRIEL: A don Pedro ha de ir a hablar, sin que de él sea conocido... CORNEJO: Eso yo le buscaré. GABRIEL: ...con cartas en que le dé don Antonio el bien venido, en respuesta de las mías. CORNEJO: Daránse al diablo los presos. GABRIEL: Las joyas, barras y pesos,