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| ALBERTO
Y PALENCIA Los poderes plásticos de vanguardia en aquella hora y hoy. Si Palencia era la eclosión estallante de color oriental, Alberto era la poesía formal autóctona. En sus manos las materias primas se transformaban en un mundo escultórico sideral: personificación del Tajo; flora y fauna humanizadas, en la precipitada geografía de Toledo. La potencia de color en el plano o la figuración en el espacio. Alberto y Palencia; filiales combatientes en aquella hora dorada, donde inauguraron el cerro de Vallecas, inédito hasta aquel momento, donde la empresa era la confirmación de la visión plástica frente la visión física, con personalidades diferentes... la creación con el juego de los cinco elementos plásticos, convirtiéndolos en idealización en el plano o espacio, era la realización del proyecto. Me invitaron a conocer la Zona Sur, abundante en avenidas arboladas. Se encontraban en el café Oriental, situado frente a la monumental y primera estación de hierro de Madrid: la de Atocha, nacida en 1892, pieza clave arquitectónica y urbanística. Penetrábamos en dicho edificio, donde los semáforos presidían con sus expresiones funcionales, clave no descifrable para nosotros, pero mágica para nuestra atracción... Seduciéndonos caminar sobre los caminos de hierro. Esta singular tendencia morfológica de transporte, era nuestra fuga hacia adelante; este deseo de andar sobre las paralelas metálicas, sería una previsión de atravesar las fronteras del mundo. Y así llegamos al Cerro de Vallecas. Palencia prefería el implacable sol de las tres de la tarde; el mediodía del verano en agosto... Los campesinos cuando nos divisaban, inaccesibles a nuestra idea, exclamaban ¡a dónde van con esta solana! Alberto, con su panteísmo terráqueo: del tomillo a las catástrofes atmosféricas; del esparto a los volúmenes celestes, que los proyectaba en estructuras cósmicas... Percepción etérnica: el pan trigal lo convertía en pan astral. Una tarde el cielo cubierto de intensas, negras enormes y espesas nubes, ascendíamos al Cerro, repentinamente se desencadenó una estrepitosa e inesperada tormenta... El ventarrón arrancaba las raíces vegetales a una incalculable velocidad, y un trepidante estruendo de truenos y estallantes relámpagos, cubría el espacio circundante los veloces rayos cortaban vertiginosamente el vacío y un desplome torrencial de agua detenía nuestro paso haciéndolo todo invisible. Entre aquel conjuro meteórico nos llegaron voces lejanas que exclamaban ¡arrójense al suelo!... A lo que Alberto respondió ¡No nos alcanzarán los rayos, porque somos inmortales! Su magnitud nunca esperó ser comprendida por el rebaño humano: déspota, despojador, negación a toda manifestación espiritual... Porque es el fondo de la historia de España. Extasiado ante el panorama desértico, me decía... ¡Pero tú prefieres el Mont-Blanc! Orígenes en España en el plano y espacio de la vanguardia: Alberto y Palencia. Sus imitadores han recogido esta herencia sin invocar sus nombres. Alberto, sus invenciones y desabrimientos... Don natural, razón de tu ser. a menudo nos decía que su futuro seria dar vueltas en la Puerta del Sol, montado en una enorme bicicleta, anunciando CocaCola. El Greco de Creta-Oro del Tajo. Alberto de Toledo-Panteismo de las dos Castillas.
Madrid,
1979. |
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