CON ALBERTO, TREINTA Y OCHO AÑOS DESPUES

Alberto, escultor ibérico, ¿qué digo yo?, carpetano, pero no de la urbe carpetana, sino de la tierra que asienta al hombre y le nutre. «Me dicen la ciudad, escribía Alberto en 1933-. Y yo respondo, el campo. Con las emociones que dan las gredas, las arenas y los cuarzos, con las tierras de almagra alcalainas, oliendo a mejorana, entre vegetales y sándalo, con las hojas secas de lija y un arroyo de juncos con puntos de acero galvanizados, con las tierras de alcaén de la Sagra toledana y los olivos, de tordos negros cuajados...» Maravilla la descripción del escultor, cuyo oficio fue, en cuanto a la posibilidad de mantenencia, el de panadero: Alberto, el panadero, aquel que amasaba panes y esculturas, los unos con los trigos que da la tierra y las otras con las tierras en que los trigos fructifican, sin salirse de sus pagos carpetanos ni con el pensamiento.

Cuando le pensionó la Diputación de Toledo, le dijeron: «Y ahora a París». Y Alberto respondió que a él con España le bastaba y le sobraba...

- La tahona que tuvo en Toledo antes de trasladarse a Madrid fue después taller de bicicletas de Bahamontes. Trabajaba del día a la noche, y con la misma intensidad que lo había hecho en Madrid, lo hizo más tarde en Moscú. Se quemaba trabajando y con tal intensidad se metía en la obra de escultura, que cada obra le costaba kilos de peso. Por las mañanas, al salir del trabajo, se iba a dibujar al café Oriental de la Puerta del Sol. Sólo dejaba de dibujar o de esculpir para volver a su labor de panadero. Muchos amigos de Madrid lo recordarán...

Traía de Toledo el barro para sus esculturas: lo traía en sacos. La tierra era en sus manos un instrumento dócil; por sus manos se llenaba de vigor; se endurecía como el cemento. Veía el arte en todo; todo 10 que miraba lo transformaba en obra de arte. Todo le servía: el barro, las piedras de los caminos, las maderas, un trozo de hierro... Un vez le dijeron de dónde había sacado el disparate de una de sus esculturas. Y Alberto se enfurecía recordándolo:

«Esos ignorantes no saben que todo lo que yo hice fue ampliar cinco veces una escultura ibérica del Museo Arqueológico Nacional...
Fue el creador, allá por los años 23 ó 24 de la Escuela de Vallecas. Aquella fue una escuela autóctona, declaradamente nuestra. Al marchar Alberto, que fue quien en verdad le insufló su primer vigor, quedó ella en manos de Benjamín Palencia. Mucho de aquel viejo espíritu se habrá de ver en esta exposición, que va a ser, sin duda, la más completa de las celebradas hasta hoy...

- Fue en Moscú en donde Alberto comenzó a trabajar con madera y chapa de hierro. Ahí se ven sus aportaciones. Las esculturas las proyectaba en plantillas, como si fueran proyecciones arquitectónicas; después las recortaba...

Tenía una tremenda ilusión por volver. Pero Alberto no vivía solamente para sus recuerdos: conviene aclararlo, para entender cómo los hechos cotidianos de la vida pesaban sobre él. Cuando lanzaron a Gagarin al espacio, Alberto realizó una escultura conmemorativa. Vivía la vida intensamente, aún al tiempo de morir, con la misma fiebre de sus años madrileños de escultor y panadero, cuando su padre le decía: «No entiendo Antonio estas cosas raras que haces; "esto" no parece una escultura sino una empalizada para guardar toros». Y Alberto se entusiasmaba: «¡Pero si eso es justamente lo que he esculpido: una empalizada para guardar toros!». Algo vivo y nuestro, ¿no cree usted?, realmente nuestro, como una porción de nuestro espíritu de vida. La hondura de la vida española fue en él permanente.

(Palpo, acaricio, mientras me hablan estas esculturas. En mis manos, ésta, una más, cualquiera, que tiene todavía el olor de la tierra, en sus texturas el alma puesta en su ambición de infinidad: esculturas «con calidades de pájaros», como las definía el mismo Alberto, «que anuncian el amanecer con sonidos húmedos de rocío... Formas hechas por el agua, el viento en las piedras. Formas de vibraciones de hojas de cañas a las orillas de los ríos. Formas gigantescas de piedras que ruedan y se despeñan...». Todo esto, aquí está.)

JOSÉ DE CASTRO ARINES
(Extracto de un artículo en "INFORMACIONES", Madrid, 21-5-197O.


Pulsa en la flecha para volver al menù de Alberto Sànchez
Volver al menú "Alverto Sanchez"
Pulsa en la flecha para volver al menù de escuela de Vallecas
Volver al Menú "Escuela de Vallecas"
Pulsa para volver al menù de Historia
Volver al Menú "Historia"