
| PALABRAS
DE PICASSO SOBRE ALBERTO Todos
le llamábamos Alberto y ya casi nadie se acordaba de su apellido.
Alberto, a secas, era suficiente, porque sólo había un Alberto. Era
un hombre de recia y honda personalidad, con un formidable sentido del
humor, y una gracia socarrona y bondadosa a un tiempo. Era
un hombre muy grande, como aquella escultura que presentó en la
Exposición de París y que habría que buscar ahora,
saber dónde está. La obra de Alberto ha influido considerablemente
en muchos artistas de nuestra época, en muchos artistas importantes. Con
sus teorías y su obra suscitó una inquietud creadora e impulsó
los movimientos artísticos de vanguardia que rompieron a España
con el academicismo, con el conformismo reaccionario. Recuerdo
dos anécdotas que caracterizan la concepción artística
de Alberto de una forma muy concreta. Una
vez, entrando en una casa moderna, Alberto dio un gran puntapié
a un tabique y lo tiró: «Esta casa no es buena, dijo Alberto.
Como las casas modernas, el arte que no resiste las patadas no es bueno».
Otra vez, Alberto me contó lo siguiente: Había en el Museo
del Prado un copista que se volvió loco. Y es que, al estar copiando
un cuadro donde había 33 pajarillos Alberto pasó por allí,
los contó y vio que en la copia faltaba uno, volvió a contar
el copista y faltaban dos. En Ciempozuelos terminó el hombre, decía
Alberto, a resultas de aquel error. A
menudo recuerdo esta historieta de Alberto, no sólo por su gracia,
sino por su contenido crítico contra el arte de pura imitación.
Era un hombre muy grande, un hombre muy grande, nuestro Alberto. Del
libro «ALBERTO» |
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