EL ESCULTOR ALBERTO

(De "El Sol", Madrid.)
(Reproducido en repertorio americano 14-4-1936.)

El mismo esfuerzo que hace la tierra para crear una verdadera montaña de presencia imperial y surcada, sin embargo, por infinitos detalles, ha padecido la especie y la raza para levantar la obscura y gigantesca estructura de Alberto el escultor. Ha costado muchos años de tierra impulsar sus insondables, poderosas, tenebrosas raíces; ha costado muchas llamas producir su corazón victorioso; ha significado muchas estaciones de sombra negra y luz calcárea producir esa asombrosa magnitud subiendo desde las pisadas del instinto hasta la inteligencia impura y verdadera. Es un árbol.

Es Alberto, sin duda, la más arriesgada aventura de la plástica española, la más atrevida exploración dionisiaca del mundo ibérico. Mientras los viejos artistas estilizados -hablo sólo de los más dignos- se agarran a la rosa y la ejecutan en interminables aforismos de odio senil, la juventud madura y seca de Alberto da golpes de cabeza y de martillo a lo desconocido y abre huellas y túneles en el suelo y en el cielo, dejando en ellos para siempre sus inconfundibles pasos de sangre. Estos nuevos caminos por los que creo, honestamente, han de pasar muchas generaciones, plásticos actuales y venideros, no muestran dulzura ni complacencia personal, sino áspera presión orgánica, acérrima lucha, violento sacrificio vital. Su mundo formidable disgustará y asustará al barbudo confitero poético, al eclesiástico en miniatura, en general, al terrible burócrata productor de «arte» vendible, comestible, porque su contextura impresionante, su transfigurar geología, su descubrimiento acerbo, sus extensiones toledanas llenas de piedras y fantasmas, deben por fuerza asustar pánicamente a hombres y mujeres ya catalogadas por la muerte.

Acompaña a Alberto el creciente canto temible de los impulsos sexuales, que en él dejan su mácula y sus feroces cicatrices, y las formas oceánicas y terrestres persiguen atropelladoramente su creación espontánea, de la misma manera que persiguieron al barro original; infundiéndole soplos de desnudez de río, sencillez de soplo de río y, al mismo tiempo, patentes de cristal hechos trizas, humedades larvarias, sollozos de culturas sin nombre.

Pero si en el fondo del mar se lo disputa, sólo ha vencido el haz de la tierra. La tierra marca sus trabajos con espacio inasible, con superficies quemadas por el rayo, con áreas que el sol y la luna y el frío han usado, con longitud de arbolados, viñedos y pájaros, vacas, relámpagos y amanecer. Su cara de varón, hecha, como las piedras, con arrugas a la intemperie, ha sido construida por el mismo planeta que a través suyo ha penetrado sus trabajos, dándoles para siempre tejido y temblor de grandeza terrestre.

PABLO NERUDA


 

Pulsa en la flecha para volver al menù de Alberto Sànchez
Volver al menú "Alverto Sanchez"
Pulsa en la flecha para volver al menù de la Escuela de Vallecas
Volver al Menú "Escuela de Vallecas"
Pulsa en la flecha para volver al menù de Historia
Volver al Menú "Historia"