José Mª G. de la Torre

 

Necesidad y placer

 Leer por necesidad.Porque hay que entender el código supremo del  hombre: la palabra.

 Desde que nuestros antepasados se constituye en personas tienen necesidad de articular su pensamiento, y aunque al principio sus signos sean elementales, pronto necesitará un sistema de signos complejo y capaz de abarcar todo lo que ve, un sistema que le permita definir el árbol y la cueva, el río y la montaña, la semilla y el huracán, la estrella y la flor ... y así comprender, poco a poco pero cada día mejor, todo el universo y, por ello, entenderse a sí mismo (((Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas)), diría nuestro Juan Ramón, con su peculiar ortografía).

 El alfabeto, la palabra, el texto permite expresar los pensamientos y los sentimientos, los recuerdos y los proyectos, ordenar lo grande y lo pequeño, lo real y lo imaginado, lo bueno y lo malo ... Toda nuestra cultura, desde hace miles de años, se desarrolla a partir de la palabra y es ella, sobre todas las demás cosas humanas, la que nos permite comunicamos; es la palabra, y en una sociedad grande y compleja sobre todo la palabra escrita, la que nos permite establecer las leyes que nos gobiernan, los textos que nos enseñan y nos ayudan a desarrollar nuestras tareas, los relatos que nos entretienen, nos hacen pensar, nos emocionan...

 Por eso necesitamos leer, leer todos los días y poniendo toda nuestra atención: para conocer qué pasó antes de nosotros, para saber lo que está pasando aquí y ahora, para poder entender, en alguna medida, lo que puede pasar en el futuro. Leer para saber de otros mundos y así saber más del nuestro; leer para comprender nuestro mundo y así comprender mejor los otros.

 Leer por placer. Repetir cada palabra escrita por los grandes creadores, deleitándonos con su forma, su sonido y hasta su tacto, su olor y su sabor. .. Saber extraer de sus relatos las luces y las sombras, lo que está visible o semioculto, escuchar los ecos que nos transmite el texto («La palabra no ha de decirlo todo sino contenerlo todo)) nos explica, inteligentemente,  don Gabriel Miró). Ver, a través del verso o la frase, los colores más intensos o las melodías más sublimes. Sentir en nuestro interior todas las emociones, todas las penas, todas las alegrías. Jugar con las palabras, con sus múltiples formas y sonidos, con sus concordancias y sus disonancias; imaginar los mundos que nos presentan las historias de los buenos escritores, entrar en esos mundos!: visitar los lugares que nos describen, navegar por todos los mares y recorrer todos los territorios, subir a las estrellas y bajar a los infiernos; dialogar con sus personajes, participar en sus aventuras, compartir sus vidas, vivirlas con ellos ... Repetir los versos de los  poetas, apropiárnoslos, sentirlos como nuestros: copiarlos, modificarlos, recrearlos y regalárselos a la persona amada ...  

 Leer por necesidad y por placer. Sentir intensamente las ansias de dominar el supremo código del universo-hombre y, a través de él, todos los códigos de todos los universos. Leer  para, como la más hermosa de las consecuencias de ello, llegar a poder escribir: añadir nuestra palabra, aunque sea una modestísima nota a pie de página o una mera acotación al  margen, al inmenso libro que la humanidad viene escribiendo desde que el ser humano se atrevió a erguirse y mirar a las estrellas ...

 

José Mª G. de la Torre

Director de Ediciones de le Torre