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 INTRODUCCIÓN

 


 

ALGUNOS ELEMENTOS PARA LA REFLEXION

Analizar un tema tan polémico y de actualidad como la INMIGRACION trae sus complicaciones si inicialmente no tenemos claridad de conceptos. Esta clarificación nos permitirá el intercambio de ideas, opiniones e inquietudes desde el respeto mutuo y un enriquecimiento de nuestras experiencias y conocimientos en este aspecto.

La Inmigración es el resultado del acto de inmigrar; es decir, la acción de residir temporal o permanentemente en un país distinto al de origen. Desde esta perspectiva es tan inmigrante el sudamericano como el canadiense o Italiano que por una u otra razón deciden residir en España.

El concepto de "Extranjero", tiene una connotación jurídica: es aquella persona que no posee la nacionalidad o ciudadanía del país donde habita, en términos coloquiales "quien no es de aquí".

En la práctica social y política tienen un espacio y unos derechos diferentes a los de los nativos. Equivale a decir, que son extranjeros todos los que no han nacido en España o no han adquirido la nacionalidad española.

Si nos detenemos en estas dos acepciones podemos observar que en la práctica social ambas son utilizadas erróneamente, porque se suele designar como inmigrante al proveniente de países de continentes en desarrollo como África, Latinoamérica, Asia o Europa del Este que decide residir en España en busca de un bienestar y al resto de personas se les denomina extranjeros, asignándosele al término inmigrante un sentido despectivo. En contra a lo que normalmente se cree, la condición de inmigrante no es sinónimo de la de marginal.

Así las cosas, todo aquel que decide residir temporal o permanentemente en España es un Inmigrante, independientemente de su origen.

A su vez se designa coloquialmente como extranjero sólo a los que provienen de países desarrollados, a sabiendas que toda persona que no sea nativo español y no haya adquirido la nacionalidad es un extranjero, provenga de donde provenga.

Nos encontramos, por ejemplo, con la situación que una persona que lleva veinte años en España y ha adquirido la nacionalidad española, para el entorno social se lo sigue considerando y catalogando erróneamente como extranjero.

Entre los inmigrantes tendríamos que agrupar a todos: los que tienen una alta cualificación profesional o fortuna personal, a los que padecen exclusión social, determinada su situación de inmigrar por un marco de pobreza, en los que existe un inminente peligro contra su vida en sus países de origen y se constituyen en solicitantes de asilo y desplazados forzosos por razones de persecución política, de catástrofes humanitaria, ecológica o económica y los que por una decisión personal, familiar o colectiva deciden cambiar de residencia.

Los motivos que inducen a inmigrar son varios y complejos: es un amplio abanico que va desde las decisiones personales, procesos socio - familiares, contextos económicos y sociales hasta factores políticos nacionales, y cabe cualquier motivación que tenga el inmigrante para cambiar su residencia de manera temporal o definitiva, y cualesquiera de ellas merece nuestro máximo respeto y consideración.

En España, la inmigración es predominantemente económica, ello equivale a decir que las personas provenientes de muy diversos países optan por residir permanentemente en España por factores netamente económicos. A partir de la inclusión de España en la Comunidad Europea, nuestro país se convirtió en destino de miles de personas en busca de un bienestar, se volvió atractivo por la estabilidad económica y política que su condición de comunitario le otorgaba.

Son muchos los factores que intervienen para abandonar los países de origen y aventurarnos en iniciar una nueva vida en un país desconocido. Tenemos que tener en cuenta que muchas personas que inmigran a España provienen de países donde el nivel de renta es más bajo, considerando la cualificación, el sexo y la edad, los niveles de desempleo son más altos y sin ninguna o escasa protección, la posibilidad de acceder a la propiedad es casi nula, con gran concentración de la riqueza en unos pocos, normalmente se proviene de países con graves crisis económicas que acarrean inestabilidad económica o clima de incertidumbre generalizada con un fuerte impacto social, además de la escasa movilidad socio económica, produciendo una sensación de estancamiento.

A esto tendríamos que añadir, que además suele existir un crecimiento demográfico, un aumento poblacional que no encuentra formas de sustento suficientes o satisfactorias, concentraciones urbanas en condiciones de hacinamiento, grandes franjas de pobreza con las necesidades humanas básicas insatisfechas, discriminación y violencia sobre los colectivos vulnerables como las mujeres y los niños.

Unido a este clima económico y social se presenta una ausencia total del Estado materializado en la inseguridad institucional, la corrupción, pérdida de autoridad, la desprotección de los individuos, la pérdida de confianza en la imparcialidad de la justicia, el terrorismo de Estado y la violación permanente y sistemática de los Derechos Humanos.

Es evidente que estos factores no explican totalmente la decisión de emigrar que asume cada persona, familia o grupo social en particular; habrá otros elementos como las fantasías, la búsqueda de aventuras, los sueños de una vida mejor que indiscutiblemente intervienen en una proporción mayor o menor en cada caso concreto.

Estas nociones, factores y circunstancias del mundo migratorio resultan de vital importancia a la hora de la valoración social del fenómeno de la inmigración en España y de los cambios que sufre a través de la historia de un país, que en poco tiempo se convirtió de ser emisor a receptor de inmigrantes.

Las políticas migratorias se encuentran plasmadas en leyes que regulan los derechos y las libertades de los extranjeros en España y su integración social, políticas en las que ha sido necesario tener en cuenta la consolidación de España como destino de inmigración y los lineamientos trazados por los jefes de Estado y de gobierno de los Estados miembros de la Unión Europea, en octubre de 1999 en Tampere, sobre la creación de un espacio de libertad, seguridad y justicia, y la necesidad de velar por un nivel de vida digno y unas condiciones de empleo para los trabajadores extranjeros en igualdad de trato con los españoles, considerando el ámbito de cooperación con los Estados de donde proceden los inmigrantes.

Sin entrar a hacer un análisis sobre la inestabilidad legislativa en materia de extranjería en España, nos referiremos de manera inicialmente muy somera al contenido propiamente dicho del reglamento que se aprueba por el real decreto 864/2001 de 20 de julio de la ley orgánica 8/2000, donde se establece un nuevo rigor a la regularización de los controles fronterizos de personas, a la coordinación de las autoridades implicadas en la concesión de visados, a la presunta "simplificación" de los procedimientos administrativos de concesión de los diferentes permisos de residencia y trabajo, a la regularización de los procedimientos administrativos sancionadores en materia de extranjería, todo ello con la intención de garantizar la eficacia y coordinación de la administración a los destinatarios de las políticas de extranjería e inmigración.

Pero como casi siempre ocurre, la realidad supera la norma, y lo que inicialmente se hizo con la intención de agilizar la concesión de visados y simplificar la tramitación de permisos, se convirtió en un caos de la administración, oficinas de extranjería colapsadas, demora en los trámites, desorientación y desinformación de los inmigrantes, todo ello trae consecuencia negativas para el inmigrante que entró de forma legal a nuestro país y su mayor deseo es legalizar su estancia sin las trabas que las autoridades están implantando.